lunes, 2 de enero de 2012

La vida social de los mejillones

Los mejillones, o mytildae, que es como se llaman técnicamente, son moluscos bivalvos que se alimentan por filtrado de plancton. Tienen una concha doble que proteje de los depredadores (normalmente estrellas de mar y gasterópodos).
Si hubiérais estudiado más miráis en la enciclopedia, (como he hecho yo porque si no a ver de qué voy a saber todo esto del principio) descubriréis plétoras de cosas más sobre estos animales pero... en los libros no viene su vida social, los pobres mejillones no editan el "Hola" o el "Diez minutos".


Y es que yo me pregunto... ¿Que coño hacen los mejillones ahí agrupados, hacinados como si fueran subsaharianos en un cayuco? Hombre, un ratito de ambiente no está mal, se conoce a otros mejillones y mejillonas (me lo ha pegado Bibiana Aido, lo siento) y a lo mejor se pilla cacho, o concha, o lo que sea, perooo... ¿Toda la puta vida asi? ¿Pegados a la roca sin más? ¡Pero que botellón más largo! De primeras cogieron el pedo de su vida y ya se quedaron alli.


Imagínen al mejillón Isidro (oye, no tengo ni idea de cómo se llaman los mejillones entre ellos, así que le he puesto el primer nombre que se me ha venido a la cabeza) ahí, en el botellón. Pegado a la roca mientras las olas golpean suavemente sus conchas y ve, a cuarenta mejillones de distancia, a Felipita, una mejillona con unas conchas de un negro... distinto, especial. Se enemora inmediatamente de ella y se decide a saltar, a abandonar el seguro apoyo que le ofrecía la roca y se lanza hacia la dirección de Felipita. Isidro, a merced de las olas y las corrientes, con un gran dominio de sus concha bivalva cual timones se tratasen, al fin logra situarse frente a Felipita. Cae junto a ella, vibra un poco para hacerse hueco y armándose de valor dice:

- Felipita, llevo observandote tres años, y por fin me he atrevido a dirigirte la palabra (traducido del mejillonéscon acento gallego)

- Yo es que... no sé, te pareces bastante a los demás mejillones.

- Felipita, no te hagas la estrecha. Anda, ábrete de conchas y enséñame el mejillón que tienes entre ellas.

- ¡Uy! ¡Qué cosas dices, me estoy ruborizando y me quedaré como un mejillón colorao!

Y de pronto, cuando la historia de sexo-amor entre Isidro y Felipita iba a consumarse... ¡Zas!

A tomar por culo. Isidro, Felipita y todo el cayuco, a la saca, a la lata, escabechados y a mi mesa con unas patatitas fritas y una cervecita.